Reflexiones Necesarias
Columna de Opinión

Hay cosas que no necesitan seguir discutiéndose en nuestro país. La gran mayoría que soporta la peor carga de la crisis acentuada, ve con estupor el desmoronamiento de un sistema político que en algún momento, representó la esperanza de un pueblo cansado de malas políticas económicas.
Dejábamos atrás la IV República, con sus aciertos, errores y fracasos; y así como una vez, los partidos de la élite dominaban la voluntad del voto (AD y COPEI, dixit), a partir de 1998, dieron al traste al ser derrotados por la nueva esperanza engendrada por Chávez.
Es la historia de un antes y un después, un arranque dentro de una gran tragedia nunca vista; el deslave de Vargas, marcaba la hora justamente cuando en Caracas se daba vida a la nueva Constitución al ser aprobada en la AN.
Lo demás, ya es trillado pasearnos por los acontecimientos ocurridos. Un proceso paulatino de no querer avanzar sobre lo que había.
Chávez giraba drásticamente hacia la geopolítica, pero con rumbo a la izquierda, tanto en el mapa como en la ideología.
Esto conllevó a una proliferación aceptada en el país, de ciudadanos cubanos, rusos e iraníes; que con el tiempo, hasta sus gentilicios dejaron en urbanismo construidos por ellos.
Los grandes planes de desarrollo, terminaron siendo ilusas promesas y la clase social media, terminó siendo arrastrada hasta ser convertida y sumada a la pobreza.
De esa manera se crearon cuatro nuevos estratos a saber: los muy ricos, donde estaban algunos de cuna y otro que se formó conocido como los “enchufados”; en el segundo, los ricos de siempre que sufrieron algunos problemas, como la banca privada, pero que al final algunos lograron mantenerse; en tercer lugar, los pobres, que devienen de la otrora clase media que movilizaba al país formada por la mediana y pequeña industria, agricultores, comerciantes y profesionales de carrera y por último, los de pobreza extrema, es decir, aquellos que eran pobres en la cuarta, pero que de la noche a la mañana comenzaron a ver que no podían comprar las caraotas negras y la pasta, por nombrar dos de los rubros más importantes de la mesa del venezolano trabajador.
Esa pobreza extrema, pasó a ser caldo de cultivo para las arengas y sentimientos de que el poder era de ellos porque “con Chávez, manda el pueblo”.
Lo demás pasó a ser una suerte de arbitrariedad y compra de conciencia a través de las famosas “cajas Clap”, las cuales devinieron en el gran negocio de los oportunistas de oficio para hacerse más ricos; sin duda, con el hambre se domina.
Esa estructura pasó a regentar la fórmula de mantener del poder, y como tema curioso, la oposición fue pulverizada por dos motivos; uno, su falta de credibilidad, unidad y exceso de individualismos, y dos, porque se vendieron ante las oportunidades que otorgaba la estrategia de quienes gobernaban.
Dejaron de representar a sus partidarios, para rendirse cual odaliscas a los pies de un Sultán no enamorado, sino interesado por aquel harem prostituido que todos conocemos.
Así se formó la tormenta perfecta aprendida desde aquel nefasto 15/12/1998, y que generó las infaustas expropiaciones de fincas productivas, complejos industriales, comercios y todo lo que podría significar un vestigio de poder salir de la pobreza; recordemos que “ser rico es malo”, y a los buenos se nos preservó en esa área, mientras que los malos, se transformaban en verdaderamente malos pero astronómicamente ricos. Esas historias ustedes las conocen.
Empero, hubo quienes creímos al comienzo de la necesidad de cambios legítimos tanto en lo jurídico como en lo social; por algun tiempo pensamos (y me incluyo), en la necesidad de que el gobierno debia ser del pueblo y que aquella Carta Magna ofrecía un Estado de Derecho y Justicia.
También sabemos en qué terminó todo eso y las implicaciones que vivimos actualmente, sin Estado de Derecho.
El 03/01/26, abrió una puerta para el encuentro de estos dos polos, los que gobiernan y la oposición paralela, traída por interés de un diálogo imposible hasta ahora.
Quizas quienes gobiernan ahora, habrán entendido la necesidad de sentarse a mirar al contrario, obligados o no, pero con la espada de Trump, como nuevo Damocles; bajo su fórmula subyugante que violentó nuestra soberanía, pero que paradójicamente resultó necesario.
Ojalá en verdad hayan hecho la retrospectiva de lo actuado en estos 27 años y asuman compromisos serios y ciertos que puedan ser cumplidos; quizas esta vez no se podrá patear la mesa.
Así mismo, los delegados por los tutores del Poder, están en la necesidad de generar esa confianza perdida que la gente implora, su comportamiento en esta hora histórica los convoca a la honestidad e integridad que requiere la Patria.
La transición es inminente, hacen falta crear los pasos para la consecución de elecciones que permitan la estabilidad sostenible y el logro de un sistema político que se ajuste a lo que el país está pidiendo, orden y libertad.
Hemos llegado hasta este punto, a la fuerza y bajo imposición, no queda de otra, quizas así nos reconstruiremos bajo la esperanza de que a partir de allí, ya todo cambia y el panorama, aunque duro y triste, nos depare un futuro de un país cuyo corazón sigue vivo, sin chauvinismos ni ideologías baratas.
No es hora de egoísmos ni personalismos, es la hora de demostrar que si es posible hacer cambios, y esto pasa por la necesidad de nuevos gerentes y nuevas ideas amplias, de un alto nivel ciudadano, de políticos con esencia propia y no para llenar sus bolsillos, de gente preparada y cultivada en sus valores de familia y moral.
Políticos sin portaviones que carecen de personalidad y empatía como hasta ahora, que entiendan que la función pública es servir y representar a quienes los eligieron y no a los intereses de un cuadre del partido.
Es la hora de los que no hemos participado y que podemos hacerlo con la cara erguida y sin antifaces.
Es tiempo de los venezolanos que queremos el país que merecemos todos.
Rafael García González. 24/08/2026.
