Continuidad administrativa del Gobierno
Columna de Opinión

Quiero comenzar este análisis, partiendo de las incontables opiniones de connotados constitucionalistas nacionales y de tantos otros, letrados o no, que se han pronunciado en las redes sociales sobre el punto epigrafiado en el título de este artículo.
Lo primero que debo decir, es que una gran mayoría de estos análisis son evidentemente sesgados en función del contexto político, lo que hace que pierdan su esencia e interes jurídico.
Digo esto, porque trataremos de no caer en ese aspecto y tratar (aunque la crítica no lo permite a veces), de ser lo más objetivo posible; empero, cuando se trata de explicar un punto, donde pudieran haber criterios que se inclinen a favor de quienes gobiernan, pues inmediatamente, ya se condena y sin quererlo, eres parte de ellos.
Esa linea de interes sobre lo estrictamente jurídico y la política, es a ratos, dificil de deslindar.
De todas maneras iré al grano sin más preámbulo; el asunto planteado es el de la continuidad administrativa del gobierno, debido a las circunstancias especialísimas ocurridas a partir del 03/01/26.
Por todos es sabido, que en dicha fecha, se llevó a cabo el rapto o secuestro, de quien para ese entonces fungía como Presidente de la República (nos guste o no tal punto), de manera que, sin entrar a discutir elementos de legitimidad del cargo, pues esa era la situación hasta ese día.
Ahora bien, conocido esto, se evidenció que el gobierno de los Estados Unidos, irrumpió de manera abrupta e ilegítima sobre el territorio venezolano, violando abiertamente la soberanía nacional y con ella, se tragaron todos los acuerdos y tratados internacionales establecidos, irrumpiendo con su fuerza militar y sin declaratoria legítima de guerra entre los Estados, lo que generó el referido rapto y traslado del Presidente Nicolás Maduro, hasta el territorio de ese país, so pretexto de requerimientos de una orden de captura de la Corte de Nueva York.
Desde ese momento, surgió para el país lo que en la práctica se conoce como un golpe de Estado atípico, ya que hasta ese entonces, los que se han conocido, han provenido de insurrecciones y coaliciones militares internas.
Aquí solo lo militar estuvo presente, ya que fueron los Marines estadounidenses quienes realizaron tal acción, pero la consecuencia fue exactamente la misma, pero con situaciones fácticas difíciles de resolver en Derecho; y aquí justamente es donde queremos llegar.
Si partimos del quiebre del hilo constitucional que generó el golpe de Estado atípico, es propio entender, que lo unico que se podia plantear era precisamente la continuidad administrativa, como tabla salvavidas de una estructura constitucional quebrada por la fuerza.
Esto es así, debido a que ni el artículo 233 y 234, constitucional, prevén el caso de que el presidente sea secuestrado o depuesto por la fuerza militar, y menos por una potencia extranjera; y obviamente debe ser así, porque un sistema democrático con una Constitución que establece sus principios en la soberanía nacional y en la no intervención extranjera, no podría prever tal posibilidad.
Sin embargo, eso fue lo que ocurrió, porque hasta la presente fecha, no ha habido renuncia al cargo por parte de Nicolás Maduro y menos aún, le ha sido negado el mismo, por quien actualmente lo ejerce, que ha sido la Vice presidente Delsy Rodríguez. Indistintamente de lo que se quiera opinar, ella siempre ha manifestado su condición de Presidenta encargada, lo que hace ver la continuidad original de quien a pesar de las circunstancias, era el Presidente designado.
Ahora bien, esta situación inédita e impredecible, motivada por un caso fortuito, ha generado una consecuencia circunstancial que rompe el Estado de Derecho que hasta ahora imperaba, por lo que en ficción, nuestra Carta Magna está igualmente suspendida, hay continuidad administrativa, pero los efectos de la soberanía nacional han sido quebrantados por este hecho que ahora se ha convertido en una ilegítima fuerza que tutela los intereses de la República.
Mientras esto sea así, cualquier discusión sobre si la falta del Presidente es absoluta o temporal, es una cuestión estéril, ya que esa condición de la continuidad administrativa ha sido dada como medida cautelar inédita por el TSJ, pero que al mismo tiempo, ha sido avalada y mantenida por el Estado opresor dominante, que a todas luces está dirigido por el Presidente Trump y el brazo ejecutor de Marco Rubio.
Sin dudas, es una situación sumamente complicada la que está sobre la mesa, ya que se mezclan una serie de situaciones que no están, ni pueden estar dentro del marco constitucional venezolano, pero que emanan de una supuesta búsqueda de equilibrio político que beneficie la participación de capitales extranjeros, que reclaman intereses sobre el petróleo venezolano y demás recursos naturales del país.
Sobre estos simientos, algunos ven como legítimo, que el país opresor establezca una agenda de ruta, para la solución de lo que ha sido SU agenda de tutela, y entonces estos analistas que hablan sobre el vencimiento del lapso de la ausencia temporal (sin que nadie la haya establecido y menos la Carta Magna), vean con naturalidad y hasta ajustado a Derecho, que se imponga discutir parámetros de entendimiento con representantes de una AN fenecida y una AN que no goza de la legitimidad institucional requerida (2015-2025).
Bajo estas circunstancias, no hay duda de que la Constitución Nacional está en suspenso, no hay un ejercicio de soberanía que le dé su carácter de creación como Contrato Social de supremacía y legitimidad originaria.
La solución siempre será de facto, la continuidad administrativa; es solo eso, entendida como un mecanismo de transición a la operatividad de un equilibrio necesario. Salir ahora del contexto del eje de tutela, significaría un retardo más para mirarnos como venezolanos en un sistema que permita libertades y desarrollo político, social y económico.
Esperemos que esas caras del radicalismo de lado y lado, también queden en suspenso y demos paso a la posibilidad del entendimiento de los ciudadanos que queremos construir, dar oportunidad a quienes han estado haciendo lo bueno que saben hacer, sin el amigo enchufado ni el que se aprovecha de una posición de un cargo.
Es el momento de la gente de bien que trabaja y vive el día a día dentro de sus valores y esfuerzo propio. Es tiempo de los buenos venezolanos que somos y que hacemos Patria.
Rafael García González. 21/07/2026.
