La diferencia

Articulo de Opinión

El país vuelve a la calma, la economía retoma el rumbo y la gente reinicia su rutina sin el stress propio que los oposicionistas mantienen en las redes. La calma de la que escribo se debe a la confianza que transmite Delcy Rodríguez como presidente encargada, ella habla de manera respetuosa, clara, sin el verbo encendido que a muchos nos gusta, pero que a muchos molesta. Cuando digo que el país vuelve a la calma obedece a que estamos claro que el pasado 3 de enero Venezuela y los venezolanos fuimos invadidos militarmente, más allá de la invasión a la «torre de control», como diría la exgobernadora de Portuguesa Antonia Muñoz, que mantienen los enemigos de la patria y de la revolución en millones de venezolanos producto de la guerra mediática, igualmente los movimientos en el tren ejecutivo -aunque a los opositores les duela- han sido acertado y oportunos, saludos al general Padrino López, ministro de Agricultura y Tierras, nombramiento que le ha ardido a esa gente. En cuanto a que la economía retoma el rumbo, rumbo que los gobiernos de Estados Unidos desde George W. Bush hasta Donald Trump, pasando por Barack Obama y Joe Biden,  así como los de Europa vapulearon, atacaron, vulneraron y trituraron al punto que el país dejó de percibir por venta de petróleo cifras que superan los 20 dígitos, con consecuencias fatales para la población en cuanto a salud, alimentación, educación y seguridad social, por decir menos, obedece al levantamiento de las sanciones económicas que ellos impusieron y que los opositores como MCM, Ledezma, Borges y muchos más pidieron a gritos. Que estamos tutelados, con un chaperón en el palacio de Miraflores -Jhon Barret- y sujetos a los caprichos de un megalómano, de un ser irracional, ególatra y demente, bueno esta situación tiene vestigios «positivos» ya que confirma lo que no ha entendido la cúpula opositora, que la administración gringa prefiere hacer negocios con el chavismo y Delcy que con Maria Machado, Edmundo González y menos con los Guanipa, Guaidó y toda esa horda de oposicionistas locos por asaltar el poder. Sobre que la gente vuelve a su rutina -a pesar que quieren calentar la calle y fomentar terrorismo doméstico y guarimbas- está claro que nadie quiere violencia, cuando los opositores convocan a una marcha por mejor salario y condiciones laborales, los asistentes van con miedo que sean carne de cañón u objeto de un disparo en la cabeza, lo que refleja también, que aún cuando sus peticiones son consecuencias de las acciones de sus dirigentes y que ellos quieren marcar distancia, desean tener paz y tranquilidad y es ahí cuando Delcy marca otra vez la diferencia.
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