La Tapa del Frasco

Reflexiones...

‎Recientemente, se hizo viral tanto en las redes sociales como en boca de muchas personas, la frase «la tapa del frasco». Investigando sobre el tema, consigo que en el refranero y la jerga popular de nuestro país, esa frase ocupa el primer lugar cuando se busca calificar algo o a alguien que sin dudas lleva la delantera o es sobresaliente en algo.
‎Tiene su origen en las antiguas boticas o farmacias, ya que allí se guardaban algunos brebajes en frascos de vidrio sellados herméticamente, en donde la tapa no solo protegía el contenido, sino que representaba la garantía de su calidad. De allí derivó la idea, de que la tapa era lo más importante del frasco.
‎Cuando algo o alguien es «la tapa del frasco», se entiende que no hay nada por encima de eso; pero, así como tiene un sentido positivo que destaca la máxima calidad de un producto, de una persona o un logro extraordinario de alguien, también tiene un sentido negativo que señala cuando alguien adopta una postura de altivez o de prepotencia, así como también, cuando una situación suele tornarse incómoda o insólita superando los límites de la paciencia. Ser «la tapa del frasco» es hacerse notar, para bien o para mal.
‎Pero, La Palabra de Dios que si es superior a todo, incluyendo la tapa de cualquier frasco, nos dice en Gálatas capítulo 6, versos del 3 al 5 de la Nueva Versión Internacional, lo siguiente: «Si alguien cree ser algo, cuando en realidad no es nada, se engaña a sí mismo. Cada cual examine su propia conducta; y si tiene algo de qué presumir, que no se compare con nadie. Que cada uno cargue con su propia responsabilidad»
‎Amados hermanos, en estas Reflexiones en Familia de hoy, no pretendo juzgar ni justificar nada ni a nadie; sólo qué, estando en el tapete ésta frase, hago uso de La Sagrada Escritura para entender un poco sobre el tema, ya que mientras el mundo busca escarnecer al que se cree «la tapa del frasco», la Biblia propone como contraparte para todos los cristianos, la necesidad de mantener una actitud humilde y de cuidar nuestras palabras y acciones; recordando de antemano, que todos somos iguales ante los ojos de Dios y que necesitamos su gracia y amor para ser salvos.
‎En el capítulo 5 de Éxodo, nos encontramos con uno de los ejemplos más llamativos de creerse «la tapa de frasco», y es la historia del faraón de Egipto, quién mostró altivez y rebeldía al desafiar a Dios cuándo dijo: «¿Quién es Jehová para que yo oiga su voz?», lo que trajo graves consecuencias sobre su nación. Ya antes, Moisés y Aarón le habían pedido al rey que dejara ir al pueblo tres días al desierto para adorar a Dios, pero el faraón apoyado en el poder político que tenía se creía un dios viviente, «la tapa del frasco». Ese faraón, menospreció al único Dios verdadero, quién acto seguido le demostró su poder con señales y plagas, para que sintiera que solo hay un Dios que gobierna por encima de cualquier rey o autoridad terrenal.
‎Queridos amigos, hay que tener cuidado con la altivez, ya que puede llevar a qué te creas más importante que los demás; igualmente, hay personas que por creerse «la tapa del frasco» se tornan prepotentes e intentan pisotear, controlar o hacer sentir inferior a otros, todo ello utilizando su poder e influencias. Hay otros, que por solo presumir o vanagloriarse, se creen «la tapa del frasco»; pero La Palabra nos enseña a través del apóstol Pablo, que si alguien ha de presumir o gloriarse, debe hacerlo sólo en el Señor y no para sí mismo.
‎«Más bien, «Si alguien ha de gloriarse, que se gloríe en el Señor». Porque no es aprobado el que se recomienda a sí mismo, sino aquel a quien recomienda el Señor» 2 Corintios 10:17-18 (NVI)
‎¡Bendiciones para todos!

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